jueves 12 de noviembre de 2009

Ajo, Aceite de Oliva y Albahaca - Cristina Bajo






Ajo, Aceite de Oliva y Albahaca





Hubo una época en mi vida, que no fue la más feliz, en que la soledad y otras miserias del fin de la madu­rez me sumieron en un estado bas­tante calamitoso. Sí, de calamidad, peste, carencias afectivas y de salud en las que una cae cuando está deprimida. Fue un período de arrastre de años, de circunstancias, co­sas con que la vida castiga aveces decisiones erróneas, en que nuestro karma decide poner­se al día o darnos una segun­da oportunidad...
A mitad de ese camino ha­cia lo que ignoramos si será renacer o morir, muchas ve­ces nos gana la desesperación o el desgano, hasta que, con el paso del tiempo, cuando po­demos apreciar el tapiz ter­minado, comprendemos que todo fue para bien. En esos años oscuros, me encontré con amigos que ter­minaron salvándome la vida, haciéndome co­nocer a través de las ediciones de mis libros a otros amigos con los que pronto me sentí afec­tivamente involucrada.
Una de estas personas era una mujer joven, universitaria, bohemia, genial y muy buena amiga. En breve tiempo, su vida, ya bastante complicada en la parte económica, comenzó a volverse difícil en cuanto alo sentimental.
Solas ambas, nos visitábamos y nos acompañábamos como podíamos. Nos jun­tábamos en su cocina o en la mía, y cada una, a su vez, cocinaba para la otra. Mi fuerte eran los guisos armados con lo que tuviera; el de ella, de origen italiano, las pastas.
Hasta el día de hoy recuerdo esas cenas, esos almuerzos de un domingo átono, en los que ni nuestros hijos nos acompañaban, sen­tadas ambas frente a un plato humeante de pastas amasadas por ella. En silencio, co­míamos aquella delicia que parecía diluirse en una suave sensación de bienestar que a la tarde se traduciría en ánimo de trabajar, de escribir, de arreglar el jardín, de vaciar ro­peros y deshacernos de aquello que no había­mos tirado porque representaba la ropa que ya no nos entraba, la última solera que usa­mos antes de casarnos, los zapatos de tacos altísimos que nos alargaban las piernas.
Los ñoquis de Annelise, los tallarines con pimiento, las salsas sabrosas y olorosas, el queso rallado a último momento, el aroma vivificante de lo trabajado manualmente... Nada era tan malo en nuestras vidas si podíamos saborear aquellos platos, aveces sencillísimos, sólo con ajo, aceite de oliva y puñados de albahaca picada con los dedos.
Una copa de vino tinto, repetir el plato hasta el har­tazgo, fumar un cigarrillo y, de sobremesa, hacernos confidencias, con­tarnos películas, hablar de los hijos, prestar­nos libros y pasarnos recetas. Desde entonces y para siempre, las pastas tienen para mí esa calidez amistosa, el recuerdo grato aun en los malos tiempos, la energía de la harina ayu­dando a tomar ánimos para continuar la ba­talla del lunes, la delicadeza de su gusto en el paladar, la amistad sin alardes de dos mu­jeres que, a través de una mirada, de un ges­to, del ruido de los cubiertos en el plato, del trozo de pan con que rebañábamos el último resto de salsa roja y sabrosa, sentíamos en el alma la primera risa que nos atrevíamos a destilar en la tarde perezosa.










Ajo, Aceite de Oliva y Albahaca fue publicado por Cristina Bajo

en Revista RUMBOS el día 25 de octubre de 2009












Cristina Bajo

Cristina Bajo nació en la ciudad de Córdoba el 17 de junio de 1937. Cuando tenía nueve años su familia se trasladó a Cabana (Unquillo, sierras de Córdoba), lugar que hasta hoy recuerda como su “Última Thule”. Cursó sus estudios secundarios en el “Colegio del Espíritu Santo” de Río Ceballos, de donde egresó con el título de Maestra Normal. Comenzó a escribir desde temprana edad y siguió haciéndolo en silencio durante muchos años; mientras tanto, trabajó como maestra rural, se casó, tuvo dos hijos, bordó tapices, tuvo una librería, diseñó ropa artesanal, protegió animales abandonados y plantó varios árboles, entre ellos un sauce. En 1995, sus amigos Javier Montoya y Silvina Rivilli deciden publicarle su primera novela, “Como vivido cien veces”, y para ello inician una editorial, Ediciones del Boulevard. El libro agotó cuatro ediciones y fue el primero de lo que su autora llama “la saga de los Osorio”, que constará de cuatro títulos. Sus libros han estado en las listas de best sellers en la Argentina y han tenido excelentes críticas en medios nacionales y extranjeros.
Recibió numerosos premios y distinciones por su labor cultural, entre ellos se destacan: “La Mujer del Año” entregado por la Legislatura de Córdoba, (1998). Premio Especial Ricardo Roja del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para libros editados por “Sierva de Dios, Ama de la Muerte” (Octubre 2005). Premio de la Academia Argentina de Letras, (2002 - 2004) en Narrativa por “Tú, que te escondes”; otorgado en Noviembre del 2005.
Ha publicado cuentos, columnas de opinión y trabajos de investigación en los siguientes medios: “La Nación” (Bs.As.), “Página 12 –Radar-suplemento cultural” (Bs.As); diario “La Mañana de Córdoba”, de “Ámbito Financiero”, “La Voz delInterior” (Córdoba), revistas “Aquí vivimos” (Córdoba), “Para Ti” (Buenos Aires), “Rumbos”, “Nueva”, “Ñ” (Buenos Aires), y suplementos culturales del interior de Córdoba y de otras provincias (Mendoza, Jujuy, etc.). Realiza la columna semanal Perspectivas, en revista Rumbos (desde el 2005)
Durante los años 2000 y 2001, dirigió junto a los periodistas Jorge Cónsole y Gloria Bertello el programa “El Escaparate” sobre libros y cultura, en Radio Nacional. Participó como jurado en los siguientes certámenes: Concurso literario “Guanusacate Letras” (Córdoba, 1998); Premio Nacional “Manuel Mujica Láinez” (l999); Teatro por la Identidad (nacional, año 2002); Concurso Literario Ingeniero Roberto A. Astrada (Córdoba, años 2003, 2004 y 2005); Concurso “Hoy día Córdoba” de Narrativa Fantástica (año 2004), y otros.
Fue organizadora y coordinadora, de las Primeras y de las Segundas Jornadas de Historia y Literatura en el Museo Histórico del Colegio Monserrat (Julio 2006 y Julio 2007). Dictó cursos de Historia y Literatura en instituciones públicas y privadas: Seminario para la escuela de cine LA METRO (1998); Municipalidad de Córdoba (2000 y 2001) dictados en centros culturales del centro y barriales; C.E.P.R.A.M (año 2002); Biblioteca Córdoba (año 2002); Hotel Urbano (2003, 2004 y 2005).
Fue la primera escritora cordobesa en lanzar una Agenda titulada “Mujeres de Leyenda” en el 2007 y “Pequeñas Reinas” en el 2008.






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